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EL ESPÍRITU DE LOS BATANES

Preparando una Ocopa

El uso del tradicional batán de piedra desde épocas ancestrales es algo muy común en muchos lugares de nuestro terruño, amado por muchos de nuestros compatriotas  dedicados de lleno a brindarnos el producto de  un arte, porque es un arte el saber usar el BATAN; donde son absolutamente necesarios, brazos fuertes, manos ágiles, mente puesta en lo que se hace, la vista y el sentido del olfato para este maravillosos proceso de fusión.

 Todo esto para obtener el resultado de una buena molienda, donde los músculos del cuerpo están sincronizados con sensualidad, arte e imaginación.

Se inicia este proceso al colocar una bella piedra pulida y brillante cual puro vientre materno, donde es colocado el primer elemento que generalmente es nuestro delicioso ají.

Con un movimiento suave y cadencioso, se va deshaciendo en colores y aromas, avivado por el descubrimiento de oleajes de ají aplastados por una piedra ovalada dando por resultado una crema picante que encandila por su suavidad.  Luego con crujiente sonido, se integran el huacatay, de un penetrante  y dulcísimo olor, el crujir de sus hojas y ramas, y el maní molidos, la cebolla y el ajo previamente dorados, como  flotillas pequeñas medio hundidas en la seda de ají: continuando con un movimiento completo donde intervienen las caderas con un menear candencioso al compás de los brazos.

Los músculos de éstos, se alargan y acortan como finos resortes donde se conjuga toda una sinfonía de perfumes, obteniendo una sublime combinación cándida como la alegría que brilla de orgullo en los ojos de la que lo prepara.

Seguidamente aparece. El aceite que se desliza suavemente amalgamando la crema para darle un adecuado espesor y sabor; y continúa el vaivén de la piedra movida por esos brazos, cual arrullo maternal, hasta que le toca el turno a la que estrella de la crema: el camarón, al incorporar las cabezas de los camarones frescos, es maravilloso el sentir en las manos a través de la piedra el sonido del quebrar de los crustáceos y ver cómo se van uniendo a los otros ingredientes. Van y viene, viene y va, incansable se sigue moliendo hasta obtener una crema suavísima resultado del conjugar armoniosos de olores, sentimiento y orgullo molendero.

Debemos tener presente que este es un arte de endemoniada fantasía de unión de insumos autóctonos, de un reto para el genio creador y que somos verdaderamente arcanos de una comida soberbia.

 

            “Reuniremos el batán, ansioso

              donde colocamos oleadas

              de ají en forma cariñosa

              para obtener fragancias deliciosas.

 

              Estirpe peruana de raza purísima

              la que nos legó frescura de los andes

              que son usadas de manera frecuentísima

              en este moler de los batanes.

 

              Aromas, colores, sabores sabrosísimos,

              piedras pulidas, manos delicadas,

              movimientos, sonidos, sentidos agudísimos

              que perpetuaremos en cada moliendada.

 

              Cremas delicadas, mezclas insuperables,

              huacatay, culantro, maní, ají; delicias

              que aunadas resultan manjares endiablados