Historias Recetas

 

 

 

 

LA BELLEZA LIMEÑA Y SUS FLORES

Pero mejoradas en tercio y quinto se llevaban y se llevarán siempre la palma las mujeres, así por su genio dócil, su agudeza incomparable y talento nativo, como por su encantador señorío y boca de risa, y mas que todo por su tradicional belleza.

La limeña, de mediana estatura, de formas esculturales, fina, lozana, con una copiosa mata de cabellos negros y ondeados que le llega cuando menos al talle, trigueña y si blanca, pálida; de ojos negros y rasgados, vivos, venidos del cielo, de labios delicados y encendidos, dientes ebúrneos, menudos y parejos; de manos mórbidas y con hoyuelos, de pies de reina, chiquitos y muy monos; la limeña con todas estas gracias que tiene es un ángel, sea que se escuche el agradable metal de su voz, que se le vea hacer con primor toda clase de labores femeninas, que se la contemple recogida o en oración en el templo, ejercitando las obras de misericordia en los hospitales, alegre y engalanada con los arreos propios de su sexo en los paseos y en los teatros. En todas partes ella luce por su peculiar salero.

Las hermosas limeñas, después de recorrer el mercado, recalaban a la calle de las mistureras y floreras, que por los compromisos y codeos era el terror de los varones, sobre todo de los galanes, y llamada por ese motivo “calle del Peligro “. ¿Qué percunchante al encontrar en ese sitio a  la reina de su alma no había de obsequiarle, y mucho más siendo costumbre, un  puchero de flores?  El tal  puchero de flores lo formaban “una margarita, un palillo, uno o dos capulíes, igual número de cerezas y azahar de  naranja agria, puesto todo sobre una pequeña hoja de plátano, salpicadas encima de flores de manzanilla, del alelí amarillo, del jazmín, de las violetas, la aroma, la margarita, y sobre ellas una ramas pequeñas de albahaca, del chocho, ya veces ya una vara de jacinto, ya una de junco o una frutilla; todo esto roseado con agua de olor o aguardiente de ámbar. A  este puchero también le incluían naranjitas de Quito, el albaricoque, las manzanitas ambareadas, las frutillas grandes, el níspero, la lúcuma pequeña, los claveles llamados entonces de la bella unión, las marimoñas, las minutisas, y los tulipanes.