Historias Recetas

 

 

 

 

La chupandanga  

“¡Aquí esta lo bueno y se acaba”, - gritaban unos negros encandilados de blanco, levantando en alto una damajuanita pisquera adornada con listones peruanos y una. También se escuchaba otro, no menos original que los anteriores: “¡A refrescarse! ¡Qué rico esta mi moliente! ¡Agua de berro con bastante achicoria, goma, cebada y raíz de altea!” Y  esto volvía a intrigar a los ingenuos, pues creyendo que se trataba de esa bebida caliente, que vendían de noche los chinos emolienteros  tenían los macacos que explicarles nuevamente que eso era otro de los sobrenombres dados al pisco para disfrazarlo y hacerlo más simpático a sus devotos, acompañado siempre de una riquísima butifarra de chancho.

La fiesta de los toros comenzaba temprano con misa y los feligres de cada iglesia tenia determinados lugares de “oración”. Los de Santo Domingo  a tomar “ gotas amargas” donde Leonard; los de San Agustín  a saborear pasteles y biterres o leoncitos (chicha) donde Dora; los de La Merced a trincar piscosour  donde Nove. Pero la inmensa mayoría recalaba en el Estrasburgo.