Historias Recetas

 

 

 

 

LA MESA DE LA LIMA ANTIGUA

En esa época, el almorzar o comer era una ceremonia, toda la familia sentada frente a la mesa, en el comedor sólo había una mesa de roble, cedro o nogal, de tablero ancho y pies torneados, y a su alrededor las correspondientes sillas de igual clase; varias rinconeras llenas de loza y cristales situadas en las esquinas, completaban el menaje.

El almuerzo, y comida en general,  poco a poco fue variando hasta que se formó la cocina criolla; en el siglo pasado figuraban en aquel los siguientes guisos: sancochado de cabeza, carne en adobo, chupe, tamales, chicharrones, huevos, plátanos fritos con tostadas o con migas, sopas de mondongo, chanfaina, pincantito chilcano, tumbo, pastelitos y para cerrar con llave de oro, venía el mate o champús de agrio en el invierno, o la monumental jícara de chocolate con las buenas tostadas de mantequilla o el rico trozo de queso fresco o mantecoso.

Todos los platos se ponían juntos en la mesa, y no se comenzaba a repartir, hasta después que los bendecía el capellán, algún fraile comensal o la persona más caracterizada de la familia, el jefe de familia.

Servían los esclavos  y las niñas y señoras tenían a su lado con ese objeto a sus engreídas a quienes se les dada de la mesa. Los platos, fuentes y cubiertos de plata estaban mezclados con la loza ordinaria, de color y de la China que abundaba mucho, no siendo raras las fuentes muy grandes y de subido valor.

 En ninguna mesa faltaba las cucharitas de madera, renovadas con suma frecuencia, pues eran de bajo precio sus tercios, que se vendían en la plaza de abastos.

Que hubiera o no cubiertos, lo cierto es, que las limeñas preferían casi siempre apearse; pié a tierra: con sus pulcras manos llenas de sortijas y armadas de un pedazo de pan, se llevaban la comida a la boca.