Historias Recetas

 

 

 

 

LAS ANTICUCHADAS

Y ni inventadas por santos milagrosos fueron  esas anticuchadas y pachamancas huerteras de la época, en las cuales, a campo raso y bajo un cielo blanqui-azul

El antiguo Camal o Matadero, de memoria imborrable, fue por muchísimos años sitio de concentración de gentes paseanderas, alegronas y amantes de estas manducatorias de allí preparábanse a que quieres boca o estómago.

Eran los años en que las reses beneficiadas en el camal  se lavaban con agua del río, que corría por una acequia acanalada.

Hacía que las menudencias como llamase a los corazones, mondongos, tripas y demás, conservaran algo de ese olorcito peculiar de todo lo que sale de cualquier vientre por bendito que sea, pero que una vez bañados, los primeros particularmente, que son los que se dan nombre al bocadito de tratamos, con la salsa picantera que las anticucheras emplean al ponerlos sobre la parrilla en trocitos atravesados por cañitas, adquieren al impregnarse con ella un sabor único tan rico y suculento que al comerlos por último, con las manos, como debe ser, así hayan estado agarrando antes otra cositas y sus mordiscos al choclo, resultan potaje de los cielos.

Terminado el atracón de anticuchos alternados con choncholíes y mollejas y las bebidas de ordenanzas.