Historias Recetas

 

 

 

 

LAS COMIDAS EN LA COLONIA

Asombra hoy el simple recuerdo de la variedad y abundancia  de la mesa colonial. Aparte de la sopa teóloga, el puchero, el pato y el pavo relleno, las gallinas asadas, las torrejas, la carapulcra, el almendrado y los pichones que eran de imprescindible presentación se servian hasta diez platos más y esto sin considerar las frutas y postres que no podian dejar de coronarse con la celebre empanada  después de la leche asada y el maná.

Era necesario estar preparado para estas fantásticas comidas. Porque no bastaba hacer honor al plato servido, probándolo, picando como se decían entonces; sino que consistia obligación de buena crianza y urbanismo, aceptar de todo y repetir a pedido exigente de los anfitriones.

Que poco come usted exclamaba la dueña  de la casa, cuando el invitado, después de ingerir cerca de diez guisos suculentos, no concluía con el siguiente

y luego lo más serio de todo, se obligaba, mediante el bodito- pieza trinchada, que se ofrecía al invitado, tomada del plato propio y con el mismo tenedor- a ingerir hasta lo imposible, al agasajado.

En torno a estas pantagruélicas comidas se sucedían fenómenos curiosos como son los siguiente:

Los brindis eran de buena educación .Habia que brindar con la familia huesped, diciendo hasta discursos que se aplaudían con entusiasmo.

Los aplausos consistian en golpear la cristalería de la cena con los cuchillos. La roturas de la pieza se festejaba ruidosamente.

La regla uniforme en los agasajos era ésta : mutiplicar por 3 números de invitados. Se prepara comida para 15 si eran 5 los invitados. Esto era un gran festejo.

Cuando se trataba de fiestas conmemorativas, ningún invitado dejaba de llevar a su casa obligadamente, piezas sobresalientes del banquete.

Después de la fiesta al día siguiente, era señal de urbanismo repartir los dulces entre las amistades sin que faltase una parte de la famosa empanada.

En las fiestas populares, los platos criollos, el picante y la chicha eran  los favoritos.