Historias Recetas

 

 

 

 

LOS DESAYUNOS Y EL MERCADO DE LA LIMA ANTIGUA

El desayuno de los habitantes de la ciudad de Lima variaba mucho, lo más común era tomar el chocolate, pero se solía sustituirlo con la leche vinagre o la cuajadita, como también la llamaban, que se tomaba con miel; otras veces preferían los emolientes, tisanas, frescos, chicha de Terranova cuando querían refrescarse o purificar la sangre o si se sentían irritados, según sus propias palabras. Estos desayunos se degustaban muchas veces en el centro de Lima en pequeños restaurantes, bodegas o en el mercado donde se encontraban los productos directamente al alcance del cocinero.

Después de oír misa iban a pasear en la mañana a la plaza mayor donde delante de la Catedral estaba el mercado. Su aspecto era hermoso; en el centro estaban las floreras y mistureras, formando una calle  y ocupaban los alrededores de la plaza, “ donde se establecían muchos tenderitos de mercaderijos indios que vendían mil menudencias.

En el centro, el mercado abundantemente provisto de bastimentos acababa de completar el cuadro. Allí se vendía en cualesquiera estación toda clase de hortalizas y verduras; la suave col, la populosa berenjena, la fresca lechuga, la rizada escarola, los jugosos nabos y zanahorias, las verdes espinacas y acelgas, los acres y estimulantes ajos y  cebollas muy estimados, los aromáticos culantros, hierba buena y el agradable perejil, los lustrosos y rojos tomates de jugo ácido, todo fresco y de tamaño muchas  veces sorprendente, como los rábanos “ más gruesos que un brazo de hombre, muy tiernos y de muy buen sabor “, entre otras variadas y frescas verduras.