Historias Recetas

 

 

 

 

LOS PECES Y MERCACHIFLES DE LA ÉPOCA

 

Los peces no se podían pescar en la boca del río, sino con caña según expresa disposición, y tenían, ya fueran frescos, salados o secos, sitio aparte para la venta. Los había muy regalados y de todo género : plateados pejerreyes, cabrillas y exquisitos lenguados, róbalos enormes, corvinas blancas y delicadas, atunes de todo tamaño, bonitos entre otras diversas variedades

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Desde el siglo XVII ya eran famosos los vinos de Pisco, Ica, y Arica; y fuera de esos, unos de los más notables, calificados por los entendidos entre los mejores del mundo, y llamado de la “A revuelta” era el que bebían los jesuitas, preparado en una de sus haciendas en el valle de Nazca.

 

Aunque a los mercachifles, se les perseguía y estaba prohibida la venta por las calles de los alfeñiques nevados, bizcochuelos, melcochas y nevado de maní, sin embargo, a fines del siglo XVIII los vendedores ambulantes de todo género, pululaban en la ciudad a toda hora del día, vendiendo todo tipo de preparaciones dulces y saladas, por esto se dice que antes se comía mas que ahora y que se comía a toda hora;

“La lechera indicaba las seis de la mañana”.

“La tisanera y la chichera de Terranova daban su pregón a las siete en punto”.

“El bizcochero y la vendedora de leche vinagre que gritaba a la cuajadita! Designaban las ocho, ni un minuto más ni un minuto menos”

“La vendedora de zanguito de ñaju y choncholíes marcaba las nueve, hora de canónigos”.

“La tamalera era anuncio de las diez”

“A las once pasaban la  melonera y la mulata de convento, vendiendo ranfañote, cocada, bocado de rey, chancaquitas de cancha y maní y frijoles colados”

“A las doce aparecían el frutero de canasta llena y el proveedor de empanaditas de picadillo”.

“La una era indefectiblemente señalada por el vendedor de ante con ante, la arrocera y el alfajorero”.

“A las dos de la tarde, la picaronera, el humitero y el de la rica causa de Trujillo atronaban con sus pregones”.

“A las tres el melcochero, la turronera y el anticuchero o vendedor de bisteque en palito clamoreaban con más puntualidad que la Mariangola de la catedral”.

“A las cuatro gritaban la picantera y el de la piñita de nuez”.

“A las cinco chillaban el jazminero, el de las caramanducas y el vendedor de las flores de trapo, que gritaba: ¡Jardín, jardín! ¿Muchacha no hueles?”

“A las seis canturreaban el raicero y el galletero”

“A las siete de la noche de la noche pregonaban el caramelero, la mazamorrera  y la champucera”.

“A las ocho el heladero y el barquillero”