Historias Recetas

 

 

 

 

UNA CHICHERÍA PIURANA EN LIMA

Los protagonistas de la historieta que paso a  narrar fueros dos cholos de Piura, hombre y mujer por más señas, guapetonazos y simpáticos, criados con leche  de cabra, chicha de jora y baja sombra de unos algarrobos que destilan sangre de toro.

Después de ambular algunos días en pos de acogedor albergue, vino a parar en la antigua callecita encallejonada de Santo Domingo, donde, con los cuatro reales que se trajo, arrendó  un tienducho de dos piezas que, a la vez de morada, sirvióle para implantar un negocio de venta de artículo de su tierra  que hacíalos traer expresamente: quesos frescos, natillas, manas, ajíes escabeches, sombreros de paja, la sin rival chancaca y de vez en cuando unos cabritos  de leche y unos pavos tan bien cebados que pedían horno a gritos, por lo que pronto iban a parar en casa de familias adineradas.

La chichería resultó un negocio redondo para la veleta paiteñita cuyas manos privilegiadas para guisar y la pureza sustanciosa de la jora de su claro (era de Catacaos, lo mejorcito del Perú, según  los técnicos), no tardaron en propalarse y hacerse codiciados por el criollismo capitalino, amante de estos potajes picanteros por tónicos y enardecedores. Y cuando preparaba cebiches, chabeleros o sus mentados aguaditos con la cecina  o el mero salado, que mandaban le expresamente de Paita ¡Jesús! Allí si que hasta rugía la ramada igual o con más furia que la barbacoa de cantarcito enjundioso de Filomeno.