Historias Recetas

 

 

 

 

DESAYUNO, ALMUERZO Y CENA

En  aquella época existían afamadas pastelerías  donde los comensales acudían en demanda de sus sabrosas preparaciones, de excelente presentación , gentes de apartados barrios de la ciudad y que sumadas a las de ese distrito producían por momentos tal aglomeración, que las tiendas, grande como era  parecía un enorme avispero.

En 1870 las horas de entrada para los trabajadores eran: siete de la mañana, para salir a las diez regresar a las once y media y retirarse a las cinco. Precisamente, a las diez y a la cinco servían con estricta puntualidad en todos los hogares el almuerzo y la comida; por tanto, había  que apurarse para llegar a la mesa y no tomar por lo menos, primeros platos, fríos.

También existían las famosas lecherías  donde muchos colegiales tomaban el desayuno, consistente en un vaso de espumosa leche “al pie de la vaca” es decir, cruda porque entonces afortunadamente, aun no habían  nacido los microbios....

Y luego..... ¿ había que ver y que saborear aquellos bizcochos ¿.....Con  dos centavos adquiríamos un “violín” que nadie lo habría  desdeñado; o un “ bollo de la reina”, o un “ alfajorcillo de melado” y hasta un riquísimo “pique” digno de pie  de la más elegante limeña de esos felices tiempos.

Cuando la faena de ordeñar terminaba , en las lecherías, salían las señoras vacas por las calles de la ciudad, con dirección a sus respectivos establos, entre nueve y diez de la mañana, lenta y garbosamente disfrutando de la misma o mayor libertad que los transeúntes.