Historias Recetas

 

 

 

 

DULCES ÉPOCAS

En 1870 las horas de entrada para el colegio eran a las siete de la mañana, para salir a las diez regresar a las once y media y retirarse a las cinco. Precisamente, a las diez y a la cinco servían con estricta puntualidad en todos los hogares el almuerzo y la comida; por tanto, había  que apurarse para llegar a la mesa y no tomar por lo menos, primeros platos, fríos.

Mi abuela quien me recogía del colegio, a escondidas de mis padres me compraba dulces en la pastelería San Agustín;  bizcochos, alfajorcillos de melado, pan de yema y esponjosos chancays con 2 centavos, además de empanadas.

En la mencionada calle de Concha, pocos metros antes del Colegio había montada una lechería donde muchos colegiales tomábamos el desayuno, consistente en un vaso de espumosa leche “al pie de la vaca” es decir, cruda....

Cuando la faena de ordeñar terminaba, en las lecherías, salían las señoras vacas por las calles de la ciudad, con dirección a sus respectivos establos, entre nueve y diez de la mañana, lenta y garbosamente disfrutando de la misma o mayor libertad que los transeúntes.

En 1884, aun subsistía la costumbre, y al pasar uno de esos ganados por el puente de Balta.

La gente mayor brindaba antes del mediodía, entre los innumerables consumidores los bitters de calisaya y de coca que un tal doctor Kinney preparaba exquisitamente.