Historias Recetas

 

 

 

 

LOS DULCES DE LA NEGRA MARCELINA

A fines del siglo XIX Marcelina, zamba frescota, cuarentona, de no malas barbas y absoluta limpieza en el vestir; Villalta, cuarentón un tanto más entrado en años que la primera, y Encarnación, mandinga de pura raza, eran los tres más afamados vendedores de riquísimos dulces criollos 

Ña Marcelina había erigido su trono, y todos los días del año a golpe de dos de la tarde, veíasele arrellanada en un alto sillón  de fuerte paja con un enorme y reluciente perol a cada lado  y rodeada por personas de toda condición y edad que ansiosas esperaban saborear en ese mismo instante o comprar para más tarde sus exquisitas mazamorras y deliciosos arroces de esos que, por desdicha,   “no volverán”

Fácil es comprender, dada la tradicional afición de los  limeños a los dulces mencionados, el vivo calor de los compradores.

Sabido es que entre las diversas mazamorras, la “de leche”, con yemas y vino la “morada”, la “de pan de Guatemala” y la “de cochino” fueron siempre las preferidas; como asimismo lo fueron entre los arroces, el “con leche” y el “zambito” y el “con dulce”. Alternativamente, nos ofrecía, pues Marcelina, en cada perol, uno de estos y otra de aquellas; resultando ambos peroles completamente desocupados antes de las cuatro.