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LA LIBERTAD

 

Los más antiguos testimonios culturales de La Libertad se hallaron en Paiján en 1948. Entre los siglos VII a.C. y el siglo II d.C., extendió su influencia en la costa norteña la cultura Cupisnique, la cual tuvo su centro en el valle de Chicama. Hacia el siglo I, se estableció la cultura Salinar en los valles de Chicama, Moche y Virú. Se cree que esta cultura introdujo en la región una técnica de irrigación, llamada huachaque, que se basa en la utilización de espacios excavados para aprovechar mejor la humedad proveniente del suelo. Quizá desplazando a la cultura Salinar, el señorío regional de Virú-Gallinazo se desarrolló en los valles de Chicama y Virú. A su vez, el señorío fue desalojado por los mochicas en el siglo II.

 

Uno de los centros más importante de la cultura Mochica está en el valle de Moche, donde se yerguen  los dos grandes complejos piramidales, Huaca del Sol y Huaca de la Luna. Para la pesca y el intercambio de productos, los mochicas emplearon balsas de troncos o de totora, además de los “caballitos de totora”. Estos constituyeron inmensos canales de irrigación que han continuado irrigando los valles liberteños después de la Conquista; tal es el caso del acueducto de Ascope, en el valle de Chicama, y el canal de La Cumbre. Asimismo, los antiguos mochicas han dejado ejemplos magistrales de arte cerámico.

 

Desde el siglo X, la cultura Chimú ejerció su poder sobre los mochicas. Los gobernantes chimúes tenían su centro de administración y culto en Chan Chan, la ciudad prehispánica de barro más grande del Perú. El reino Chimú, convertido en un gran imperio que extendió sus dominios desde Tumbes hasta Supe, fue el más grande de la costa norte antes de ser incorporado al incario hacia 1470. La invasión de este reino es atribuida al Inca Pachacútec y a su hijo Túpac Yupanqui. Se sabe que los chimúes, diestros en la metalurgia, ejercieron influencia en el arte de los incas. El dominio en el reino no pasó de los 100 años; al cabo de este tiempo, se produjo la conquista española.

 

 

 

 

Francisco Pizarro, interesado en fundar una ciudad importante a mitad de camino entre San Miguel y Lima, fundó la ciudad de Trujillo el 3 de marzo de 1535. La llamó Trujillo como un homenaje a su patria extremeña. Por real privilegio dado en Valladolid, el 7 de diciembre de 1537, se concedió escudo de armas a la ciudad.   

 

En la actualidad, La Libertad se divide políticamente en doce provincias: Trujillo, Pataz, Sánchez Carrión, Otuzco, Pacasmayo, Santiago de Chuco, Bolívar, Ascope, Chepén, Julcán, Gran Chimú y Virú. Trujillo, capital del departamento, es una fértil zona dedicada al cultivo de la caña de azúcar, el espárrago y los cereales; además, es el principal eje económico del norte chico. Pacasmayo cuenta con fértiles campos de arroz gracias al río Jequetepeque, el único de la provincia que llega al mar; asimismo, allí se encuentra una de las más importantes fábricas de cemento del país. Ascope, provincia fundamentalmente agrícola, se dedica a la producción de caña de azúcar. Las ciudades más importantes de Chepén son Guadalupe y Chepén, pueblos de agricultores unidos por extensos arrozales; aquí se produce el mejor arroz de la costa. Virú también se dedica a la actividad agrícola; en sus grandes arenales, se han desarrollado cultivos de exportación (espárragos y frutales). Gran Chimú, Sánchez Carrión, Otuzco, Julcán y Santiago de Chuco son las provincias centrales del departamento; se dedican a la agricultura de panllevar, a la ganadería y a la explotación minera. Así, Otuzco es una zona minera famosa por su devoción a la Virgen de la Puerta; Santiago de Chuco es una zona productora de papa, maíz, trigo y cebada. Las tierras de la provincia Bolívar son muy ricas en diversidad biológica. En los alrededores de Pataz, se desarrolla una intensa actividad minera aurífera.  

 

La agricultura cumple una función determinante en La Libertad. Los principales productos agrícolas son los espárragos, la caña de azúcar, el marigold, tarhui, lenteja, trigo, cebada grano, maíz duro, arroz, uva, piña, palta, etc. Desde tiempos prehispánicos, la agricultura más prospera se encontraba en los valles costeros de Chicama, Jequetepeque, Moche, Chao y Virú, en los cuales los pobladores construyeron grandes irrigaciones. Con la llegada de los españoles, se redujo el área agrícola.

 

Debido a la conformación del terreno, la agricultura andina está menos desarrollada. No obstante, los pastos naturales de estas tierras las hacen idóneas para la ganadería. Figura su población de vacunos, de caprinos y, sobre todo, de aves. En relación con la pesca del departamento, está poco desarrollada. En cuanto a la minería, la extracción de oro representa más del 10% de la producción nacional.

 

Los habitantes de La Libertad se caracterizan por su buen gusto culinario y por su hospitalidad, ya que siempre ofrecen alimento, en especial una variedad de panes caseros. En su gastronomía, se distinguen dos grandes cocinas regionales: la andina y la costeña. La primera está representada por los platos serranos, como el shámbar, que se elaboran con ají, menestras y cerdo aunque también se prepara con cuy,  cordero y aves de corral. La segunda cuenta con chupes de pescado, parihuelas de mariscos, jaleas de cachema o de corvina, causas de raya, los cuales exaltan los sabores, aromas y texturas de mariscos (como las lapas gigantes, los calamares y las almejas) y pescados (como la corvina, el mero, la cojinova, la caballa, el jurel y la cachema).

 

En Santiago de Chuco, se celebra, a partir del 13 de julio, el festival anual de Santiago El Mayor; la procesión principal es el 25 de julio y recorre las  principales calles de la ciudad. Gracias al Club de Leones, desde 1950, Trujillo celebra, en septiembre, el Festival Internacional de la Primavera. En este evento, además de reunirse bellas representantes de varios países, tienen lugar desfiles de carros alegóricos, peleas de gallos, concursos de caballos de paso. Durante la celebración de la Fiesta de la Virgen de la Puerta, cada 14 y 15 de diciembre, los pobladores de Otuzco colocan la imagen de la Virgen en un alto nicho de la fachada del templo, desde donde desciende.

 

Para empezar a admirar el desarrollo alcanzado por las culturas Mochica y Chimú, se debe visitar, partiendo de Trujillo, los sitios arqueológicos de Chan Chan, El Brujo y las huacas del Dragón, el Sol y la Luna. La ciudad cuenta con una hermosa y grande plaza de armas, casonas virreinales y republicanas, que son otros reales atractivos turísticos.

 

Muy cerca de la ciudad, se encuentra Huanchaco, balneario muy concurrido, donde se puede degustar la típica comida marina. Aquí son famosos los caballitos de totora, embarcaciones de fibra vegetal que utilizaban los pobladores prehispánicos y que aún emplean los huanchaqueros para la pesca artesanal; asimismo, se puede practicar el surf. En la actualidad, Huanchaco ofrece muy buenos servicios hoteleros y restaurantes especializados en pescados y mariscos.

 

A solo media hora al norte de Trujillo, se encuentra la playa de Chicama, que es puerto, caleta y balneario. Puerto Chicama no solo cuenta con un mar bueno para la pesca y el surf, sino que frente a sus costas están las islas Macabí, reserva biológica. Finalmente, sobre el mar de La Libertad, se ubican las islas Guañape. Sus islotes y hermosa bahía son un refugio para la vida silvestre: lobos marinos, aves guaneras y delfines.